El ser que soy, que espera seguir siendo, y cuyo sentido mismo es,
Mas que ser, el de esperar ser. Como si yo no fuera l a presencia que soy,
Sino el porvenir que espero y que no obstante no soy.
G. Bataille.
Quisiera comenzar aclarando mi postura sobre la trascendencia. La trascendencia para mi no es mas que romanticismo que nos sirve de esperanza para aguantar el mañana. Siendo un poco más crudos; la trascendencia no es más que un muy bonito vestido con el cual nos adornamos, pero lo que hay debajo del vestido es aun más fuerte y más real, tan tangible y violento como la piel: es la trasgresión.
Tal como lo dice Boff, somos seres de protesta, y esa necesidad no proviene de las ansias de trascendencia sino de la pasión por violentar y transgredir ese estado estacionario plano al que la cultura moderna nos ha orillado. La transgresión levanta la prohibición sin suprimirla. Y es ahí donde se esconde el impulso motor de la vida y es ahí donde se encuentra también el impulso motor de las religiones. No es más que la profunda complicidad que existe entre la ley y su violación.
Toda prohibición es patológica, proviene de la neurosis, es por eso que el rechazo a la prohibición es necesario para la claridad del mundo de la actividad, del mundo del objetivo. Sin lo prohibido el hombre no habría podido alcanzar una conciencia clara. La prohibición elimina nuestros movimientos de violencia destruyendo el ordenamiento sin el cual seria inconcebible la conciencia humana. Si observamos la prohibición, si estamos sometidos a ella. Dejamos de tener conciencia de ella misma. Pero experimentamos en el momento de la trasgresión, la angustia sin la cual no existiría lo prohibido: es la experiencia del pecado.
Así pues yo no creo en la trascendencia. Yo creo en la vida. Y es esto coincido cien por ciento con Boff: “no hay antropología; lo que hay es antropogénesis.” Para mi la vida es toda ella inestabilidad y desequilibrio. Solo sigue adelante con una condición: que los seres que ella engendro sedan su lugar a nuevos seres. Al final la muerte estará ahí; la habrá traído la multiplicación, la sobreabundancia de la vida. Hay que encara la realidad; la muerte es una verdad mas eminente que la vida. De ahí proviene el miedo a solo ser. A solo estar. De ahí la necesidad de imaginar la trascendencia como una forma de avance, aun cuando ni siquiera sepamos a donde ir.
Pues bien, creo que Boff y Yo no estamos tan distantes en nuestra forma de entender nuestra realidad, al final del día solo se trata de transformar, de transgredir, de traspasar, de trascender. Solo que en lo personal yo le añadiría un poco mas de sabor con ese toque humano-viseral que la violencia nos da. Violencia no como agresión, sino como movimiento desestabilizador. Quizá aquí radique la diferencia entre trascender y transgredir, en el estado de acción que conlleva ambas.
Aun con estas diferencias (que no son tan opuestas) concluyo en el mismo punto, el ser humano continuamente lucha por no dejarse encuadrar por nadie y el placer que recibe por ello es solo comparable con el del erotismo. Quizá el único momento en que de verdad perdemos nuestra discontinuidad y nos abrimos hacia el otro generando una unidad. ¿Y no es acaso esto lo que nos prometen como fin ultimo todas las religiones?
El fundirnos con el todo.
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