Al ser tan extensa y ambigua, ella New Age no puede ser abordado a través de una concepción monocromática. Es decir, no podemos generar un juicio en blanco o negro, bueno o malo, fuerte o débil. Si bien el tema es un tanto escurridizo de una textura fangosa, me parece que el New Age presenta lo que todas las religiones presentaron en sus comienzos, para mi su punto mas débil es el carecer de un carácter institucional, no porque no pueda serlo (lo mas seguro es que una ves expandido y dominado por supuesto que cualquier vertiente New Age puede llegar a serlo) sino que aun no le alcanza la vida para llegar a ese punto.
Somos educados desde muy jóvenes a creer en “La Institución” y nos pasamos la vida soportando, estudiando, rezando y trabajando para ella. La Institución es una y poderosa y nos tiene viviendo para ella. Así que si cualquier vertiente New Age quiere llegar algún lado, deberán trabajar como cualquier otra; acumulando riqueza. Y es aquí donde le veo varias oportunidades, ya que como cualquier otra religión, trabajan a partir de las inseguridades y los miedos de las personas.
Pero no importa, al fin de cuentas siempre será mejor un jabón de lavanda grabado con la virgencita “morena” empaquetado a la luz de la luna llena y bendecido por el cura de su predilección, que la lucidez, la razón y la conciencia.
El término nueva era se refiere a la Era de Acuario y nace de la creencia astrológica de que el Sol pasa un período de tiempo (era) por cada uno de los signos del zodíaco. No hay un acuerdo acerca de la duración de cada era, aunque según algunos astrólogos, el cambio sería alrededor del siglo XXVII y para otros ocurrió exactamente el 4 de febrero de 1962. En este caso el sol saldría de Piscis para entrar en Acuario. Para las personas que creen que la astrología tiene una base real, el arribo de cada una de estas eras está marcado por cambios sociopolíticos importantes.
Según esta creencia, la Era de Acuario marcaría un cambio en la conciencia del ser humano, que ya estaría empezando a notarse y que llevaría asociado un tiempo de prosperidad, paz y abundancia. Es por esta razón que una variedad de corrientes filosóficas y espirituales más nuevas o más antiguas relacionadas con estas ideas, son asociadas a la Nueva Era. Esto a menudo lleva a un confuso sistema de creencias no unificado, un agregado de creencias y de prácticas (sincretismo), a veces mutuamente contradictorias. Las ideas reformuladas por sus partidarios suelen relacionarse con la exploración espiritual, la medicina holística y el misticismo. También se incluyen perspectivas generales en historia, religión, espiritualidad, medicina, estilos de vida y música.
Algunas de estas creencias son reinterpretaciones de mitos y religiones previos, aunque sin ser consistentes con ninguna de ellas; habiendo así individuos que emplean una aproximación de "hágalo-usted-mismo", otros grupos con sistemas de creencias establecidas que recopilan religiones, y aun otros sistemas de creencias fijos, como los clubs u organizaciones fraternales. Por ejemplo, pueden compatibilizar el dogma cristiano de la divinidad de Jesucristo con el karma como mecanismo de justicia, y a la vez negar por desagradable la existencia del infierno. Es frecuente que los conjuntos de creencias así adoptados rechacen los aspectos más negativos de las mitologías o religiones en que se basan, adoptando los más agradables.
Algunos individuos cuyas creencias pueden ser catalogadas como de Nueva Era (incluyendo a los neopaganos) pueden sentir que la etiqueta es inapropiada debido a que puede ligarlos con otros credos y prácticas. Debido a la variedad de creencias a la carta, cualquier categoría coherente puede parecer restrictiva o incompleta; una definición de Nueva Era podría ser: no perteneciente a ninguna religión tradicional.
El ser que soy, que espera seguir siendo, y cuyo sentido mismo es,
Mas que ser, el de esperar ser. Como si yo no fuera l a presencia que soy,
Sino el porvenir que espero y que no obstante no soy.
G. Bataille.
Quisiera comenzar aclarando mi postura sobre la trascendencia. La trascendencia para mi no es mas que romanticismo que nos sirve de esperanza para aguantar el mañana. Siendo un poco más crudos; la trascendencia no es más que un muy bonito vestido con el cual nos adornamos, pero lo que hay debajo del vestido es aun más fuerte y más real, tan tangible y violento como la piel: es la trasgresión.
Tal como lo dice Boff, somos seres de protesta, y esa necesidad no proviene de las ansias de trascendencia sino de la pasión por violentar y transgredir ese estado estacionario plano al que la cultura moderna nos ha orillado. La transgresión levanta la prohibición sin suprimirla. Y es ahí donde se esconde el impulso motor de la vida y es ahí donde se encuentra también el impulso motor de las religiones. No es más que la profunda complicidad que existe entre la ley y su violación.
Toda prohibición es patológica, proviene de la neurosis, es por eso que el rechazo a la prohibición es necesario para la claridad del mundo de la actividad, del mundo del objetivo. Sin lo prohibido el hombre no habría podido alcanzar una conciencia clara. La prohibición elimina nuestros movimientos de violencia destruyendo el ordenamiento sin el cual seria inconcebible la conciencia humana. Si observamos la prohibición, si estamos sometidos a ella. Dejamos de tener conciencia de ella misma. Pero experimentamos en el momento de la trasgresión, la angustia sin la cual no existiría lo prohibido: es la experiencia del pecado.
Así pues yo no creo en la trascendencia. Yo creo en la vida. Y es esto coincido cien por ciento con Boff: “no hay antropología; lo que hay es antropogénesis.” Para mi la vida es toda ella inestabilidad y desequilibrio. Solo sigue adelante con una condición: que los seres que ella engendro sedan su lugar a nuevos seres. Al final la muerte estará ahí; la habrá traído la multiplicación, la sobreabundancia de la vida. Hay que encara la realidad; la muerte es una verdad mas eminente que la vida. De ahí proviene el miedo a solo ser. A solo estar. De ahí la necesidad de imaginar la trascendencia como una forma de avance, aun cuando ni siquiera sepamos a donde ir.
Pues bien, creo que Boff y Yo no estamos tan distantes en nuestra forma de entender nuestra realidad, al final del día solo se trata de transformar, de transgredir, de traspasar, de trascender. Solo que en lo personal yo le añadiría un poco mas de sabor con ese toque humano-viseral que la violencia nos da. Violencia no como agresión, sino como movimiento desestabilizador. Quizá aquí radique la diferencia entre trascender y transgredir, en el estado de acción que conlleva ambas.
Aun con estas diferencias (que no son tan opuestas) concluyo en el mismo punto, el ser humano continuamente lucha por no dejarse encuadrar por nadie y el placer que recibe por ello es solo comparable con el del erotismo. Quizá el único momento en que de verdad perdemos nuestra discontinuidad y nos abrimos hacia el otro generando una unidad. ¿Y no es acaso esto lo que nos prometen como fin ultimo todas las religiones?